Diego M. Rodríguez

COLOMBIA


Entre comparsas, música y colores que inundan la ciudad de alegría, camina Don Enrique, ajeno a la fiesta. Su sombrero gastado y sus manos endurecidas cargan la rutina de cada día: recoger latas entre la multitud, buscando en la basura el sustento que la vida le niega. Mientras todos celebran, él libra en silencio su lucha diaria contra el hambre y la indiferencia, llevando en su costal no solo sus latas, sino también la pesada carga de la soledad y sus años.


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